Memorias de una piloto de naves espaciales

Por Chrome Veinss
Retrato

Fui concebida como un arma, no tuve familia ni infancia. Ni siquiera un nombre. En el laboratorio me llamaban "capsulera". Me crearon a partir del material genético de una de las muchas mártires de la revolución, en YC91. Era un laboratorio de bioingeniería bastante precario en una estación de la tribu Sebiestor orbitando la luna 18 de Eurgrana VIII, en Minmatar. Cuando cumplí quince años, en YC106, me enviaron a la Universidad de la República orbitando la luna 2 de Hulm VIII, también en Minmatar. Ahí entrené como piloto de combate, simulación tras simulación, por varios años. Ahí me dieron este nombre, Chrome Veinss.

No fui un arma barata. La tribu Sebiestor y la corporación Boundless Creation invirtieron lo que entre humanos normales se considera una fortuna en mi creación. Procuraron también darme una "formación ideológica". Básicamente intentar darme razones para no desaparecer inmediatamente en el momento en que me pusieran a pilotar una nave de verdad, razones para combatir por su causa. Nunca necesité convencimiento. Todas las revoluciones son hermosas y ser hija de la mayor revolución en la historia galáctica me place enormemente. Además odio genuinamente al enemigo amarriano. Considero que la única venganza justa por los siglos de esclavitud de nuestro pueblo bajo el yugo amarriano es el exterminio total de esa raza.

En realidad yo nací en YC115 cuando abordé al fin una nave de verdad, habiéndome graduado de todos los programas que la Universidad decidió que debía cursar. Era una simple Reaper con la que salí al espacio por primera vez. Realicé algunas misiones para agentes de la República durante mis primeros meses, eliminando piratas y a un par de naves amarrianas en el espacio soberano de la República; cambiando mi Reaper por una Rifter tan pronto pude conseguir el isk. Yo había tenido siempre la intención de llevar la guerra a Amarr, pero por alguna razón en ese momento había relativa calma entre la República y el Imperio. Por otro lado, durante todo mi tiempo en la Universidad había estado en contacto a través de la red con capsulerxs viviendo en la periferia del espacio "civilizado" y sabía que mi destino estaba allá afuera. Sobre todo tenía contacto con un grupo viviendo más allá del espacio gallente y también daba la casualidad de que en ese momento se estaba intensificando la guerra entre la Federación Gallente y el Estado Caldari. Dado que la República Minmatar es aliada de la Federación, decidí dirigirme al espacio gallente e integrarme al combate en aquél frente. Me dediqué por unos meses a apoyar a la Flota de la Federación y en muy poco tiempo destruí suficientes naves enemigas y gané suficiente isk como para pagar con creces la inversión del pueblo minmatar en mi creación. Entonces decidí empezar a vivir para mí misma.

Así fue como llegue a AAS-8R, en la constelación DS-M4Q, en la región de Syndicate. Un verdadero nido de ratas, piratas y bandidxs de todo tipo. Mis conocidxs me acogieron ahí y me enseñaron a sobrevivir lejos de la ley de los imperios y la protección de CONCORD, a sobrevivir bajo la ley "del más fuerte", que pronto descubrí podía ser también la "del más rápido", o "del más resistente", o "del menos visible". Sobrevivir en lo que lxs capsulerxs llamamos nullsec, espacio de nula seguridad. Life. Universe. Everything. fue la "corporación" en la que entré, más similar a una pandilla de punks que a cualquier otra cosa. Junto con la corporación The Greater Goon, de cultura muy similar, formábamos la alianza Clockwork Pineapple y nos dedicábamos a buscar escaramuzas con grupos vecinos. Como todos los grupos que operan en Syndicate vivíamos en una estación ajena, en nuestro caso una estación de la famosa compañía de refrescos Quafe. Entre los grupos que combatíamos frecuentemente estaban Moon Warriors, era um grupo de pessoas que falaram assim, Ishuk-Raata y Rote Kapelle. Estos últimos eran grupos como el nuestro pero con mejores pilotos por lo que solíamos perder cada que nos encontrábamos en combate a menos que tuviéramos un as bajo la manga.

La vida en AAS era bastante cómoda por su cercanía con el espacio gallente, aunque los saltos a ese espacio tanto por Harroule como por Reblier son muy peligrosos. Pero lxs piratas no pueden estar vigilando todo el espacio todo el tiempo y es rápido y relativamente fácil cruzar la frontera para comprar munición o provisiones en los mercados de gallente.
Recuerdo al primer capsulero que maté un día de mi primer semana en AAS. Me encontraba justamente en Reblier y salí de warp frente al portal estelar que conduce a Syndicate, pues iba de vuelta a casa. Justo en ese momento entraba por el portal un criminal pilotando una Stabber que fue reconocido como tal por los sistemas automatizados de seguridad, mismos que empezaron a dispararle. Yo estrenaba una Trasher, era mi primera vez en una nave más grande que una fragata y buscaba cualquier excusa para morir en combate. En cuanto lo vi le apunté, inhibí su warp y disparé toda mi artillería que hizo pedazos lo que quedaba de su nave. La cápsula del piloto salió disparada en el último momento. Entonces apunté a la cápsula y disparé.
Unos días después morí por primera vez. Pilotaba una frágil Probe y estaba escaneando el espacio, buscando estructuras o ruinas o algo, no recuerdo los detalles. De manera completamente inesperada se materializó una Rapier frente a mi y me inhibió el warp. ¡Cabe destacar que en aquél momento una Rapier era la nave más avanzada con la que me había topado en nullsec! Las sondas que aparecían en mi escáner no eran mis propias sondas como había pensado hasta ese momento, eran sus sondas y yo estaba siendo cazada. Fue cuestión de unos segundos. Me petó la nave y me petó la cápsula. Desperté un instante después en un nuevo clon en AAS. No me importó demasiado despertar cubierta del vómito involuntario de mi nuevo cuerpo, la sensación de corroborarme inmortal fue completamente fascinante.

De todos modos procuré no volver a morir en los siguientes meses y no experimenté una segunda muerte hasta que tuve oportunidad de participar en una batalla propiamente dicha. Hasta entonces solo había conocido escaramuzas entre pandillas, grupos de entre diez y veinte pilotos. Pero de manera bastante fortuita terminé en una batalla que reunió a unxs cien pilotos. Estaba en Tama por alguna razón, en el espacio caldari, en una Stabber. Tama es de por sí un sistema muy transitado, plagado de piratas y bastante peligroso, pero aquel día había un mayor tumulto del habitual. Un grupo de pilotos tenía acorraladas a una Deimos y una Vigilant de Drunk 'n' Disorderly, naves valiosas que siempre están en la mira de lxs piratas. Pronto llegaron más Drunk 'n' Disorderly a apoyarles. Pero al mismo tiemp lxs pilotos que estábamos en el sistema ya habíamos caído como buitres al campo de batalla e improvisamos algunos canales de comunicación para coordinarnos y luchar conjuntamente contra lxs Drunk 'n' Disorderly y anexos. Fue una batalla bastante pareja y, al final, la Deimos y la Vigilant petaron. Yo no solo perdí mi Stabber y morí sino que compré otra Stabber y regresé a la batalla para perderla y morir una segunda vez.

Nunca he pisado la superficie de un planeta. He querido tomarme unas vacaciones pero siempre sale algo. Nunca he visto vegetación ni he cazado un animal. Ni siquiera he visto animales de cerca, aunque he transportado algunos. Por protocolo en todas las estaciones que he conocido las bahías de carga de las naves son atendidas por sistemas automatizados, por lo que solo los he visto de lejos. Pero en Syndicate aprendí a cazar. Cazar es una actividad que va siempre acompañada de un cierto estado de consciencia. En primer lugar, una se siente infinitamente vulnerable. Incluso cuando estas pilotando un crucero de trescientos metros de largo repleto de armas de destrucción masiva. El espacio es infinitamente más grande y el mero hecho de saber que tú estás ahí cazando implica saber que tu estás ahí siendo cazada. Después está la sed de sangre. Es lo que te mueve a cazar a pesar de ese peligro. Es algo totalmente psicológico; una está sumergida en el líquido amniótico de la cápsula desconectada del sistema nervioso y del cuerpo humano, asumiendo el control de la nave como un nuevo cuerpo. Y en esas condiciones, aparece este simple impulso que te lleva a buscar, encontrar y matar a alguien más, necesariamente a otrx capsulerx porque matar a seres humanos normales no tiene ningún mérito.
La mayor parte del tiempo cazar consiste en esperar. Puede ser una espera activa, en la que permaneces en movimiento, constantemente en warp, saltando de sistema en sistema, recorriendo una constelación o toda una región del espacio. O puede ser una espera pasiva, en la que decides permanecer en un punto del espacio, en algún sistema en particular, con la nave funcionando al mínimo, quizás con un anzuelo o una trampa. Escaneando... y escaneando... hasta detectar cualquier indicio de actividad.
Pero a mí nunca me pareció particularmente divertido sorprender a una nave minera desarmada y convertirla en chatarra. Yo quería ser piloto de combate. Pero si encontrar a esas naves mineras desarmadas era difícil, enontrar una buena pelea o una pelea más o menos justa era aun mas difícil.

Recuerdo una buena pelea en Syndicate. Ya había aprendido a dominar fragatas, destructores y cruceros y me había comprado una Prophecy que tenía en mi hangar sin estrenar. No tenía muchas ganas de pilotar una nave amarriana pero mis compañerxs me decían que era la única nave al alcance de mis habilidades en la que podía tener expectativas de sobrevivir en una pelea de verdad. Y sí que tenía ganas de pilotar algo más grande y pesado que un crucero.
Lxs veteranxs de Clockwork Pineapple habían diseñado una trampa contra lxs Moon Warriors. Uno de los nuestros, con una reputación de hacer cosas extremadamente estúpidas y locas, saltaría él solo una nave capital para atacar cualquier navecilla de Moon Warriors. Es como utilizar el cañón de una fragata para matar uno de esos animales insectos. Las naves capitales son monstruosidades de unos tres kilometros de largo que nadie en su sano juicio desplegaría sin una poderosa flota como escolta. La trampa funcionó. Después de que saltara para aniquilar una fragata en PC9-AY, el sistema base de lxs Moon Warriors, algunxs de ellxs se abalanzaron inmediatamente sobre la nave de nuestro compañero inhibiendo su warp. Por supuesto, es muy difícil destruir una nave capital sin naves capitales y la flota de naves capitales de Moon Warriors pronto hizo su aparición. Era justo lo que esperábamos. Saltamos a PC9-AY con todo lo que teníamos incluyendo nuestra propia flota de capitales y un montón de aliadxs para la ocasión incluyendo a Ishuk-Raata. Éramos 78 contra lxs 98 que lograron juntar para la defensa. Mi única posibilidad de sobrevivir en semejante batalla era tras la rídícula armadura de la Prophecy y tuve la suerte de no ser nunca el objetivo primario de la flota enemiga y de poder maniobrar fuera del alcance de las naves capaces de petarme. Me enfrenté a algunas naves pequeñas, que logré destruir con misiles ligeros, mientras las capitales luchaban con furia todo alrededor. Nunca había visto tanta gente involucrada en una misma batalla, ni había visto tantas naves tan valiosas juntas. Era la primera batalla que tendría verdaderas consecuencias. Después de poco más de una hora de combate finalmente logramos la victoria total. Perdimos 26 naves, incluyendo un puñado de naves capitales, pero les petamos 77 naves incluyendo toda su flota capital. Fue un golpe del que Moon Warriors nunca se pudo recuperar.
Recuerdo otra buena pelea, en 6E-578. Un día alguien reportó movimiento de una flota de Zealots de Ishuk-Raata cerca de "nuestro" espacio, me parece que se encontraban aterrorizando novatxs de Eve University. Despegamos para interceptarlos, era una pelea de verdad y yo debía usar la Prophecy. Durante la batalla en varias ocasiones me impactaron los lásers de más de diez Zealots, pero nuestra ala logística logró estabilizar la nave en cada ocasión. La armadura de la Prophecy aguantó. Les tumbamos catorce naves antes de obligarlos a retirarse.

Creo que estas experiencias despertaron en mí el deseo de participar en las más grandes batallas, en las guerras de verdad en donde la victoria y la derrota tienen consecuencias que resienten todxs lxs habitantes de la galaxia, guerras que modifican los mapas.
Fue así que tras un año de vivir en Syndicate tomé la oportunidad de unirme a las Boinas Rojas, parte de la Goonswarm Federation que se encontraba justamente desplegándose para apoyar a su aliada Red Alliance en la que sería conocida como la "Guerra de Halloween" por alguna razón.

Prophecy

Continuará...

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